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¿Una iguana en Dinamarca?

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¿De verdad la has visto? Pues todo puede ser...

Y después de este juego en el que te he paseado del mail hasta Twitter y de Twitter hasta mi blog, probablemente más que una iguana en Dinamarca quieras ver mis trabajos.

Aquí mismo te dejo los enlaces a:

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Y te doy las gracias por aceptar este pequeño juego en donde me has regalado uno de los valores más importantes que tienes: tu tiempo.

Un infarto en el entretiempo

por Javier Debarnot
Dice la actual esperanza de vida al nacer que, si no ocurre nada raro, se pueden vivir como mínimo 80 años. Podemos concluir que son dos tiempos de 40 años y pico. El 6 de junio de 2017, meses después de soplar las 41 velas, yo estaba en el descanso, digamos en el vestuario, preparándome para salir a jugar la segunda parte de mi vida.
Entonces, el Barba me frenó en las escaleras del túnel y me dijo:
-No, Javi, descansá tranquilo que el segundo tiempo no lo jugás.
De repente, y cuando uno piensa que lo tiene todo controlado, pasa algo que te deja acostado mirando al techo. A los tres segundos se te empieza a nublar todo y "clac", se te apaga un rato la vida. Lo que algunos pueden definir como metáfora de aprendizaje, para mí fue una embolia pulmonar.
Eso lo iba a saber varias horas después, lo de mi diagnóstico. La embolia pulmonar, una absurda desconocida para mí, era siendo más específicos un trombo-embolismo pulmonar, y siendo más dramáticos, un infarto de p…

¿De qué planeta viniste, paracaidista cósmico?

por Javier Debarnot
A mí me encantaría saltar en paracaídas. Algún día lo haré, en lo posible antes de morir. Pero hoy me atrevo a confesar otra cosa: no soporto a los paracaidistas que caen del cielo cada 4 años. Tengo fobia a los paracaidistas del Mundial.
Si durante tres años y diez meses te parece que el fútbol son "veintidós millonarios corriendo detrás de una pelota" -y de tu boca sale la gracia de preguntarte por qué no se compran una para cada uno, ya que son millonarios- pero hoy estás opinando sobre la lesión de Romero, quiero que lo sepas: estás entre los paracaidistas del Mundial que me gustaría que volaran por los aires.
No tolero esa invasión de decenas, cientos y miles de paracaidistas que empiezan a aterrizar cuando asoma la lista de los convocados o salen al aire las primeras publicidades conmemorativas. Y sobre esto último quiero comentar, con mucha rabia, que es muy habitual que estos anuncios estén creados para los paracaidistas. No todos, pero una parte imp…

Matar a la abuelita

por Javier Debarnot
-Entiendo que sea triste que se muera la abuela de su mejor amiga... pero no es la madre, es la abuela- dijo mi viejo tirando el grado de parentesco sobre la mesa.
-Supongo que querrá acompañarla en un momento difícil -mi mamá aportó el punto de compasión necesaria.
-Sí, pero por la abuela no se justifica que Maru falte al trabajo.
Somos así. Creemos pertenecer a una sociedad tan civilizada que trasladamos las leyes laborales a la vida: si por fallecimiento de abuela de mejor amiga no corresponde faltar ni un día al trabajo, vemos como una insensatez que alguien se atreva a ausentarse de sus tareas sólo por estar junto a la nieta de la finada.
Era domingo a la noche cuando sonó el teléfono en casa, mi papá atendió y mi hermana menor le contó de la muerte de la abuela de Juli, más que nada para informarle sobre el futuro cronograma -velar a la viejita toda la noche y, antes del mediodía del lunes, ir al tortuoso entierro en un cementerio de la zona Norte-, aunque el su…

Compra-venta

por Javier Debarnot
Mauricio, a quien todos conocían como el Master, era el vendedor ambulante más caradura del mundo, capaz de ofrecerle a los transeúntes los productos más inusuales y, lo más llamativo, hacerles creer que los necesitan. Un jueves a las dos de la tarde, iba caminando por las calles porteñas del centro cuando se detuvo a atarse con más fuerza los cordones de sus zapatos. Lo interrumpió una voz de alguien que pasaba.
-¿Qué estás vendiendo?
-Lo que vos quieras comprar, papá –le contestó sin siquiera girar su cuello, todavía tironeando de uno de los cordones de su calzado hasta que se le partió por su exceso de fuerza.
-Parece que hoy no es tu día de suerte –seguía hablándole el hombre que se había parado a su lado.
-Yo no necesito suerte, ¿vos qué necesitás? Yo te vendo lo que sea.
-Ah, qué bueno, porque yo justamente compro lo que sea.
-Entonces encontraste al tipo indicado. Lo querés, lo tenés. Decime ya mismo qué es lo que te haría feliz.
-Quiero tu vergüenza.
Mauri…

La ventanita del humor

por Javier Debarnot
Lo reconozco: soy un actor frustrado. También soy músico y futbolista frustrado, pero tampoco hay que ahondar en mis frustraciones que ya está visto que tengo varias. Mi trunco camino hacia el terreno actoral se cruzó en mi vida varias veces, pero siempre me encontró con el GPS en modo inútil y nunca logré recalcular la forma de llegar a pisar las tablas. Aunque alguna vez me empujaron en cierta forma al escenario, y eso sí que no. A mí no me gusta que me fuercen a nada.
En realidad, con respecto a mi vena actoral, jamás estuve cerca de, por ejemplo, inscribirme en un taller de teatro o algo por el estilo. No llegué siquiera a planteármelo dos veces, como mucho una vez y media pero quedo ahí, en estériles hipótesis. Aunque en alguna ocasión participé voluntariamente en episodios que coqueteaban con la actuación, empezando por los típicos actos escolares.
Promediando la escuela secundaria, reclamé el papel protagónico en una obra en donde parodiábamos una popular s…

¿Una carta?

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por Javier Debarnot
Hace pocos días, metiendo cosas en cajas para nuestra futura mudanza a Dublin, casi que me tropecé con una carta de una ex-novia de la juventud, una solitaria hoja amarillenta que llevaba dos décadas atrapada en un sobre de papel y que me provocó lo obvia curiosidad, muchísima, de querer saber lo que me decía esa chica tantos años atrás cuando nuestras vidas eran otras, porque ella y yo éramos otros, muy distintos, nosotros y todo el mundo que nos rodeaba.
Leí…
Barcelona, viernes 13 de octubre de 1995
Amor:
Tengo tantas cosas para decirte que no sé ni por dónde empezar. La mano me tiembla de la emoción y por eso te anticipo que la letra me va a salir así, medio deforme y fea, como si en vez de escribirte con una lapicera tuviera un taladro en la mano. Te puse dos líneas más arriba que no sabía por dónde empezar y me acabo de iluminar. Sé que es medio egoísta arrancar hablando de mí, pero es que no hay otra persona en el mundo con quien quiero compartir esta alegr…