martes, 16 de septiembre de 2008

Gritos que nadie oye

por Javier Debarnot

      Sin ningún aviso, saltaron los tapones de electricidad de la casa amarilla con tejas rojas ubicada en el número 66 de la Avenida Seis. Lo último que había llegado a escuchar Sofía había sido la escalofriante noticia sobre un asesino que venía huyendo de la policía por los barrios de esa misma zona. Ante el súbito apagón, la joven dejó caer la abúlica novela que estaba leyendo y fue inmediatamente en dirección a la cocina.
 
      Una feroz brisa se colaba por el ventanal del salón principal y motivaba un incesante golpeteo en las aberturas laterales. El camisolín blanco de Sofía se bamboleaba al ritmo del viento mientras sus pies descalzos repiqueteaban por las crujientes escaleras buscando la planta de abajo. Sólo se escuchaba el sonido de las ventanas y también la perturbadora respiración de la chica con atisbos de un ataque de asma.
 
      En su arremetida hacia las alacenas, Sofía tropezó con una banqueta y casi golpeó su cabeza contra un borde saliente, pero se sobrepuso y abrió una de las puertas con algo de nervios y mucho de impaciencia. Ella odiaba la oscuridad, por no decir que la misma le sembraba un pánico atroz. Manoteó un paquete viejo de velas, después los fósforos que descansaban junto a una hornalla y, una vez encendida la llama, buscó temblorosamente un manojo de pilas que dejó caer en el bolsillo de su camisón por si el corte de luz se llegara a demorar más de la cuenta. Sin gustarle demasiado la idea, se vio obligada a salir al corredor externo para ver qué había ocurrido con la electricidad.
 
      Afuera ya llovía. Una oscuridad inquietante la rodeó por completo mientras comenzaba a recorrer los veinte pasos que la separaban de los comandos de la luz. Las tinieblas fueron de golpe interrumpidas por un relámpago que en apenas un segundo marcó el contraste entre la blancura de su ropa y la cautivante noche oscura que la contorneaba. Sofía abrió la compuerta del disyuntor y se estremeció: los cables estaban cortados, prolijamente rebanados, sin dudas por una persona.
 
      Tratando de aparentar para ella misma una calma que no existía, volvió sobre sus pisadas entrando nuevamente a la casa. El cartel pegado en el refrigerador de “Sofi, volvemos el lunes” firmado por mamá y papá, ofició como mudo testigo del andar ya frenético de la chica buscando el inalámbrico de la sala de estar. Tan turbada estaba que tardó un tiempo mayor al habitual en reaccionar que sin electricidad ese aparato jamás iba a recibir o despedir una señal. Afuera la tormenta se iba desatando con una fuerza cada vez mayor. La puerta de entrada había quedado entreabierta y el viento no iba a tener piedad con ella. La estrelló contra su marco y motivó que Sofi pegara el primer grito agudo de la noche. Claro que no iba a ser el último.
 
      Una vez ubicada la vieja radio a pilas, la chica la hizo funcionar y se sentó sobre una cama para recuperar el aliento. La antena captaba una estación donde seguían brindando precisiones sobre el asesino. “Podemos aseverar que se trata de un violador que anteanoche irrumpió en un Convento de Hermanas Religiosas. Su ex-novia habría tomado los hábitos y es por tal motivo que el psicópata tiene un particular ensañamiento con las monjas…”, sonaba con voz alarmista por el parlante del artefacto.
 
      Nerviosa y casi el la antesala de la locura, Sofía decidió levantarse para hacer quién sabe qué. Cuando apoyó una de sus manos sobre la almohada, y gracias a un relámpago que iluminó parcialmente la escena, pudo divisar que la funda blanca se había teñido de rojo. Había sangre y era la suya. Esta vez, más que gritar se le erizaron los pelos. Con algo de lógica supuso que se pudo haber cortado la palma en un par de oportunidades, abriendo la caja donde estaban los tapones o bien maniobrando con la radio para colocarle las pilas. Se tranquilizó.
 
      Tomó la vela que había apoyado en una mesa de luz y se desplazó hasta el baño, donde iba a encontrar una canilla para limpiar la herida que no parecía tan grave. En vez de calmarse, vaya a saber por qué justo en ese instante recordó lo que le habían contado sobre encender una vela en la oscuridad y mirarse al espejo: el mito decía que uno podría ver al mismísimo diablo. Sofía elevó su vista y no tardó mucho en lanzar el alarido más estridente de la noche. No había divisado a Satanás, sino más bien todo lo contrario. El reflejo le devolvió a la chica la imagen de ella misma, pero con un velo de monja.
 
      Dejó caer la llama y emprendió una carrera despavorida. Apenas después de escuchar por la radio que “el asesino estaba deambulando por la Avenida Seis”, Sofía ya había ganado la calle. Y entonces sus ojos no podían creer lo que vieron, porque todas las casas eran exactamente como la suya. Corrió unos doscientos metros pero todo era una eterna Avenida Seis, con construcciones idénticas una al lado de la otra. La lluvia ya casi no le permitía ver a más de cinco metros de distancia. No le quedó otra alternativa que entrar en una de las casas para buscar resguardo. Justo cruzó la puerta cuando, desde la misma radio, el mismo locutor decía que “un vecino había visto al psicópata meterse por la ventana de una casa amarilla con tejas rojas”.



7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho este cuento. Siempre me gusta cuando le metés un poco de fantasía. Martín. Vendo Toyota Corolla.

chapi dijo...

El motivo por el que no me gustan los relatos ni las peliculas de terror es simple: me dan miedo!.
Me hiciste sufrir, loco.
Un abrazo

Hermanos Bladimir dijo...

Coincido un poco con Chapi. (Lo del abrazo incluído)
La verdad, me mantuvo prisionero hasta el final. (El relato, no Chapi) Y eso es más que bueno. Mucho más...
Te felicito por el regreso!
Y a Chapi también l@ felicito.

En unos instantes, llegará lo que te debemos... No desesperes.

Carlita Online dijo...

MI primera visita a este blog y me gustó mucho lo que escribiste.
besos

mazlov dijo...

Muy buen relato, me encantaron las descripciones!! Me podía imaginar la lluvia, los truenos, el ruido de las escaleras!

Un abrazo
maxi

Andrés Ini dijo...

FFFFFFFF ORMIDABLE

**VaNe** dijo...

Buenísimo Javi!!!
Me gustaron mucho las descripciones, el suspenso que vas creando, el no-tiempo y el no-lugar que planteás. Sí, sí, me gusto mucho mucho!!!!!

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