viernes, 12 de noviembre de 2010

Apenas un cuento infantil


por Javier Debarnot

     Por primera vez desde que escribo aquí podrán ver una imagen ilustrando mi puñado de frases. Dicen que una sola de ellas vale más que mil palabras, cosa que yo no creo y puedo explicarles el porqué: si ven la foto de una casa, es esa casa y punto, pero si leen la palabra “casa”, ¿cuántas se pueden imaginar? La de ustedes, la mía, aquella donde pasaron su infancia o esa en la que transcurrieron las mejores vacaciones de su vida. Se dispara la imaginación y no hay quien pueda pararla.

     Igual olvídense de todo porque esto viene con trampa. La imagen que verán es un simple rejuntado de palabras. No puedo con mi genio y sigo conservando este espacio sin mostrar siquiera una simple casa. Esto se sigue tratando de letras y más letras. Ahí van…




 


     Lo que acaban de leer lo escribí cuando tenía siete años, o seis si ocurrió antes del 19 de abril de 1983. Lo primero que quiero asegurarles es que no consumía ningún tipo de drogas ni había engullido un pomo de acuarelas en la clase de plástica. No recuerdo el momento exacto en que creé aquel cuento, pero les doy fe de que aquello salió de mi cabeza. 

     ¿Y a dónde quiero llegar con todo esto? ¿Por qué me veo en la necesidad de enseñarles esta minúscula porción de mi pasado? Sólo para advertirles. Apenas para contarles lo que les puede llegar a ocurrir… 

     Si alguno de sus hijos –los que ya tienen o los que en algún momento decidan tener- escribe algo parecido a aquello a la edad de siete años, muy probablemente después pase por acontecimientos bastante cercanos a estos: 

     Quizás sea uno de los pocos de su clase que le saque el jugo a un par de personajes muy odiados durante la primaria, el sujeto y el predicado, sólo porque gracias a ese mentado dúo se pueden montar las historias más increíbles incluso mientras la aburrida profe de matemáticas enseña la regla de tres simple en el pizarrón del aula.

      Quizás sueñe con publicar un libro a la escasa edad de nueve años, y para ello se una a otro lunático del curso y juntos escriban la versión de “V, invasión extraterrestre” en formato “Elige tu propia aventura” ilustrándola en los recreos de cuarto grado, sin ningún éxito de ventas y menos fortuna para encontrar a algún editor interesado. 

     Quizás, cuando acabe el secundario, se tire a la pileta de la carrera de periodismo deportivo, pensando que ahí puedan confluir sus dos pasiones, la escritura y el fútbol, y que desde aquel lugar sea posible conjugar el drama, la aventura, el suspenso y la epopeya de eso que algunos bastardean diciendo que sólo se trata de veintidós tipos corriendo detrás de una pelota.

     Quizás, al encontrar vacía la pileta a la que se hubo arrojado anteriormente, luego de recomponerse del golpe en la cabeza se anime a estudiar publicidad, ilusamente creyendo que también puede existir poesía para vender un centro comercial o metáforas para que alguien participe en una promo de galletitas dulces. 

      Quizás disfrute como nunca de aquellas primeras fases del enamoramiento, por tratarse de la oportunidad perfecta para escribir varias cartas como Dios manda, intentando no abusar de cursilismos pero poniendo toda la carne al asador para calar bien hondo en el corazón de la princesa de turno.

     Quizás más grande, y ya más maduro, entienda que el verde césped de un manojo de oraciones bien enlazadas puede embarrarse después con hechos, entendiendo así que no basta con elegir las palabras adecuadas y plasmarlas como promesas en un trozo de papel, sino que después hay que cumplirlas en la vida, y si es posible al pie de la letra.

      Quizás en una etapa sienta el impulso de lanzarse a escribir un guión de cine, lo haga con ímpetu y lo acabe al poco tiempo, sólo para él, demostrándose a sí mismo que es posible embarcarse en aventuras que lleguen a buen puerto sin hundirse a mitad de camino. 

      Quizás llegue un momento en el que se vea en la necesidad de volcar sus viejas historias y animarse a escupir unas nuevas, se nutra del alcance de internet y logre que al menos una decena de personas las lean con regularidad e incluso le festejen alguno de sus intentos por entretener con un simple relato.

     Quizás se anime a fantasear con un proyecto utópico y se entusiasme con escribir su primera novela dirigida a un público infantil, sumergiéndose en un género mágico como lo es el circo, recuperando la constancia y la alegría de sentarse frente al teclado y contar algo, pero esta vez con constancia y compromiso. 

     Quizás atraviese una época de descuido y desidia, abandone los cuentos personales y deje reposando los proyectos, y ese lapso de tiempo coincida con momentos de ánimo bajo, preguntándose de a ratos cuál es la realidad, si está deprimido porque no escribe o si no escribe porque está deprimido, en una especie de pez que irremediablemente se muerde la cola.

      Quizás un día, con treinta y cuatro años, viendo crecer a sus hijos se proyecte en ellos hacia el pasado y recuerde su infancia. Entonces, tal vez eso lo lleve a buscar un viejo cuento y, una vez hallado en un cofre repleto de tesoros, se encuentre sin la necesidad de inventar algo o de buscar metáforas, se olvide de toda literatura y escriba sencillamente una historia como ésta.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

Es mucho más que un cuento infantil. Es tu historia, se me pianto un lagrimón. Quiero que nos sigas regalando cuentos, historias, guiones, cortos, novelas y así no te deprimas por no escribir y disfrutemos del tejido de tus palabras. Yo se que de eso se trata. Aún sigo descubriendo cosas y me encanta eso…así que “V”.
CW

Anónimo dijo...

Muy bueno el relato, lo único que me quedé con ganas de saber qué otras cosas vió Pepito y cómo recuperó su tamaño, pienso que es para desarrollarlo un poco más...

Aunque no sepas que escribir nos diviertes igual. Abrazo.

Martín

chapi dijo...

Tengo muchísimas ganas de leer la novela ambientada en el circo. Promete.

Un gran saludo, y me alegra que hayas vuelto en serio.

**VaNe** dijo...

Bravo Javi!!! Gracias por compartirlo!
Afortunada entonces soy, de haber compartido los últimos pedacitos de los niños que fuimos.
Hermoso relato
Beso!

mazlov dijo...

Muy buena historia, relato muy emotivo, me encantó!!

Anónimo dijo...

Me encantó, fue como ver en un cortometraje mi niñez... me acuerdo de cada cosa, sobre todo del libro de Elije tu propia aventura, qué bueno que estaba!!! También me vino a la mente cuando de recibiste de periodista deportivo, más aún cuando te acompañé a anotarte, qué loco!
Muy emocionante la síntesis que hiciste, un retrato de tu historia, otra vez: me encantó!
Mari

PF dijo...

Javier, tanto tiempo! Me hago cargo en haber sido el otro lunatico del curso que adapto V al formato de elige... y habernos pintado de verde con marcador para cubrir con plasticola y luego arrancarnos la piel como en la serie... Que loco, por donde andaras tanto tiempo? te mando un abrazo. Pablo Ferro.

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