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Mostrando entradas de 2012

La agenda del jueves

por Javier Debarnot
     Cuando Jorge Amaya llamó a su secretaria para revisar la agenda del jueves, nada hacía pensar que sería el último encuentro entre ellos, aunque un poco más tarde, quizás sí se previó una ruptura total al levantarle Jorge la falda a Beatriz y meterle con traición y alevosía una mano palpándole las nalgas.
     Antes del acoso, mucho pero mucho antes, habían empezado a repasar las actividades que Jorge había escrito la tarde anterior junto a las respectivas horas de la hoja de la agenda del jueves, y que iban a marcar la pauta de un día movido. Movidísimo para Jorge y agitado para todos los involucrados.
     A las diez y media, apenas engullido el desayuno, tocaba ir a ver a Ruscalleda, su socio del bufete Amaya & Ruscalleda Abogados. Apenas debería cruzar el pasillo para meterse en su despacho, interrumpir cualesquiera fueran sus reuniones o conversaciones o teleconferencias con Montevideo y mandarlo a Ruscalleda a la mismísima mierda, diciéndole que le ofrec…

Me casé con una extraterrestre

por Javier Debarnot
     Haberme dado cuenta recién, hace apenas cinco minutos, de que mi mujer no pertenece al planeta Tierra no me resulta tan grave. Pero sí me preocupa un poco el pequeño detalle de que, también de sopetón, acabo de despertarme en una nave espacial, boyando por el universo. Me imagino que la nave será la suya y sería interesante conocer cuándo adquirió el vehículo, más que nada para saber si entrará o no entre los bienes gananciales.
     Lo último que recuerdo es que ayer a las once y pico, antes de irme a dormir, sufría un ligero dolor de cabeza y mi mujer me acercó a la cama una pastillita con un vaso de agua. La ingerí cometiendo el error de siempre: no leer el prospecto del medicamento. No sé, tal vez hubiera estado escrito en las contraindicaciones que el fármaco podía producir leves a moderados desplazamientos del cuerpo, a unos treinta, cuarenta mil kilómetros de la estratósfera. Ahí parece que estoy ahora, viendo la Tierra de un tamaño más pequeño que el de …

¡Al agua!

por Javier Debarnot
     Algunas personas adultas, y quizás la mayoría de la gente mayor, suele sentarse primero en el borde, mete el dedo gordo del pie en la pileta -piscina, para mis amigos españoles-, comprueba la temperatura, y después inicia, parsimoniosa y trabajosamente, un lento descenso de todo el cuerpo hasta acabar con el agua al cuello. Yo no podría rendirme a ese pacífico ritual, más que nada porque si llegara a notar que el elemento esencial está muy frío, mandaría todo al diablo y enfilaría de vuelta al vestuario. Por lo tanto, soy de los que se tiran de cabeza. De una. Y que sea lo que sea.
     Allá vamos, a cumplir con mis cien piletas de rigor. Empieza bien la rutina porque estoy solo en mi carril. Es inmensa la satisfacción de contar con esos veinticinco metros de largo por dos de ancho, una extensión que ya querría para un departamento de dos ambientes. Mi cuerpo de metro ochenta y ocho necesita espacio, porque mis brazadas, largas y a en ocasiones torpes, ocupan…

España y el principio del fin

por Javier Debarnot
     Por primera vez en largo tiempo estoy decidido a hablar de España. Fueron muchas las veces que algún amigo me preguntó por la situación de nuestra madre patria y yo siempre contesté con argumentaciones vagas, pero hoy por fin tengo ganas de expresarme sobre el tema. Creo estar preparado al haber pasado los últimos seis años viviendo aquí. Incluso me siento más calificado para opinar sobre España que sobre mi querida Argentina, porque desde 2006 tuve que cambiar el asado por el jamón ibérico, la computadora por el ordenador y ya no veo pibes por las calles sino chavales.
     El deseo de contarles lo que siento nació como resultado de hilar dos hechos, uno reciente y otro ocurrido una década atrás. Dos postales que se mezclan en mi cabeza, se superponen, se contrastan y se contradicen a la vez, pero finalmente le dan sentido a una idea, aquella que me obliga a preguntarme si todo se trata del principio del fin.
     Hace casi diez años yo vivía unas vacaciones rar…

Capicúa

por Javier Debarnot
     La palabra capicúa (del catalán: cap i cua, cabeza y cola) se refiere a cualquier número simétrico que, por ello, se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. Si una historia empieza mal y se trata de una historia capicúa, por una razón simétrica no puede soportar otro destino posible que no sea igual a su comienzo, es decir que acabe mal.
     El ferrocarril, por viejo y descuidado, fallaba mucho. En esa ocasión el imperfecto le había permitido a Otto bajarse del vehículo en movimiento, cuando el tren ya encaraba sobre los rieles hacia la siguiente estación pero aún así mantenía sus puertas abiertas.

     Recién descendido del furgón, Otto  iba en bicicleta y maldijo porque la única opción que le presentaba el camino era una cuesta empinada hacia arriba. A pedalear con ganas. Fueron sólo unas manzanas, pero las suficientes para dejarlo con la lengua afuera, y a poco de acabar la pendiente se le cruzó un coche Honda modelo Civic que, extrañame…

Con la Dra. Ramírez a las 18:30

por Javier Debarnot
     Muchas personas envidian a los millonarios y no desearían otra cosa que no fuera estar en su lugar para tener la vida solucionada. Pero yo, en cambio, tengo una envidia mucho más terrenal y de andar por casa. Desearía ser cualquier hombre o mujer que no le tenga miedo al dentista, porque yo les tengo un terror descomunal a esos mal nacidos.
     Por suerte gozo de una muy buena dentadura, que podría ser blanca y radiante si cumpliera con el mandamiento de ir al dentista al menos dos veces al año. Pero no. El pánico es tan grande dentro de mí que me hace inconcientemente duplicar el intervalo recomendable entre visita y visita, y por eso mismo no es nada extraño que en ese largo interín aparezca una maldita caries que lo complica todo. Si sentarme en la silla eléctrica fuera sólo rendirme ante una limpieza bucal rutinaria, vaya y pase, pero siempre hay una cosita más que en la mayoría de los casos debe ser resuelta con el escalofriante torno (maldigo al genio q…