martes, 13 de agosto de 2013

Dos súper agentes contra el caos

por Javier Debarnot

     -Agente CW-77, yo ya estoy en posición, ¿su visión es correcta?

 
     -Correctísima, JJ-19, todo bajo control.
 
     Ese “todo bajo control”, lo sabían ambos agentes, podía pasar a “todo descontrolado” en cualquier momento. Y justamente por eso, porque siempre estaban esperando lo peor, era el motivo por el cual jamás dejaban de estar atentos. Con semejantes elementos por custodiar, un descuido podía ser letal. CW-77, súper agente de género femenino, conocía mejor que la palma de su mano al par de objetivos que tenían esa noche entre ceja y ceja. Y JJ-19, su pareja del otro sexo en esas labores de extrema precisión e inteligencia, también era conciente de los individuos con los que lidiaban.
 
     La misión era mantener a los dos objetivos a raya. No perderles pisada, porque ese instante sería el elegido por ellos para hacer alguna de las suyas, y las suyas eran generalmente cualquier tipo de acción alejada de las leyes de convivencia cívica y pacífica. En resumen, si los súper agentes cometían alguna distracción, los custodiados podían llegar a montar un Apocalipsis en medio de un apacible, calmo y fraternal ambiente festivo.
 
     El acontecimiento era al aire libre y al anochecer. El detalle de la franja horaria no podía pasarse por alto porque obligaba a los espías a extremar las precauciones: de noche, todos los individuos vigilados suelen ser pardos, como los gatos, pero también bastante zorros. Con ellos había que tener mayúsculo cuidado en funciones nocturnas.
 
     Los agentes CW-77 y JJ-19 llegaron a la cita y su primer objetivo, que debían cumplir a rajatabla durante toda la velada, era ejercer su función de espías como espías propiamente dichos, es decir, pasando desapercibidos para el resto de los mortales. Cualquier indicio de la misión que estaban llevando a cabo podía desestabilizarlo todo.
 
     Entonces los súper espías se dividieron, encarando cada uno un grupo de gente afín a sus intereses. ¿Habría entre esos núcleos de personas otros agentes secretos, también de incógnito siguiendo sus propios objetivos? Imposible saberlo si los mismos estaban haciendo bien su trabajo, aquel que CW-77 y JJ-19 empezaban a ejercer con extremas precauciones.
 
     -Atención, JJ, los objetivos van hacia una zona peligrosa.
 
     El espía, con el auricular inalámbrico metido en su oído izquierdo, oyó la advertencia de su compañera mientras degustaba su vodka Martini sin mezclar -y agitado- y paneó disimuladamente con sus ojos todo el cuadrante derecho por donde iban desplazándose los objetivos en cuestión. Prosiguió con una interesante disertación sobre las ventajas y desventajas del servicio “todo incluido” en los hoteles, pero nunca dejaba de vigilar a sus presas.
 
     CW-77 hacía lo propio desde un ángulo diferente y, para tener una visión más cerrada del panorama, se acercó con sigilo a la barra con la excusa de ir a buscar un “Love on the beach”, su trago favorito a pesar de que solía confundir su nombre por “Sex on the beach” (JJ-19 le advertía socarronamente que algún día un barman alzado podría malinterpretar ese error no forzado).
 
     Entonces, mientras la agente especial sonreía aliviada después de haber pedido el trago por su nombre de pila correcto, vio que los objetivos se habían trenzado en una posible trifulca con otros elementos igualmente peligrosos. Dejó la copa con suma elegancia sobre una mesa circular y se dirigió a la zona del conflicto. Estaba dispuesta a entrar en acción si la ocasión lo requería.
 
     -Tranquilo agente, yo me encargo.
 
     JJ-19 copió esa frase y se relajó sabiendo que la otra súper espía se ponía al mando de la situación. Con cierto agrado fue testigo de cómo CW-77, blandiendo una mano maestra, resolvió en un santiamén el incidente con los dos objetivos. Lo de cierto agrado se aclara porque ambos agentes tenían un acuerdo tácito de intervenir, salvo en casos de fuerza mayor, una vez cada uno para apagar los conflictos que se iban presentando, por lo cual el próximo desaguisado iba a caer en las manos de JJ-19 (¡Madre de Dios esta sacrificada vida de espía!).
 
     Todo parecía estar transcurriendo en perfecta calma, hasta que ocurrió aquello que nunca desean los súper-agentes: la división de males. Ambos elementos a vigilar se separaron, yendo Objetivo Uno hacia el norte y Objetivo Dos hacia el sur, aunque por fortuna JJ-19 y CW-77 estuvieron muy atentos a la bifurcación. A partir de ese instante, los peligros se duplicaban, pero los espías se entendieron apenas con un cruce de miradas: cada uno se hacía cargo del cuidado del elemento que quedaba más a su alcance. “I´m watching Two”, dijo uno de los agentes para sus adentros mientras le hacía a su compañero el ademán de señalarse sus propios ojos con el índice y el mayor y luego señalar la zona de vigilancia.
 
     -A las 2200, Objetivo Uno a mi alcance –le respondió el otro.
 
     No hubo incidente alguno durante el lapso de la “separación”, aunque justamente el problema vino cuando volvieron a juntarse. Se juntaron tanto que llegaron a estorbarse, una cosa fue llevando a la otra, e inevitablemente los objetivos –casi como solían hacerlo siempre- se enfrentaron en una pelea que sólo dos personas podían interrumpir con pericia: los súper agentes. Le tocó a JJ-19 mediar en el conflicto y con algo de esfuerzo logró que renaciera la calma.
 
     Pasaron las horas y los dos espías tuvieron reiteradas intervenciones, aunque ninguna del otro mundo, y así llegaron al final de fiesta… en paz. De vuelta a su hogar, porque ambos súper agentes compartían casa y lecho, sólo les quedaba comprobar si los objetivos habían quedado en estado de docilidad después de su larga noche de fechorías.
 
     CW-77 recorrió el pasillo a tientas y llegó hasta la habitación donde estaban Uno y Dos. JJ-19 la seguía caminando entre algodones, iluminándose con la pantalla de su móvil. De golpe, la chica que llevaba la delantera se asomó y levantó bruscamente su puño izquierdo, apretándolo fuerte y sosteniéndolo en el aire para que esté al alcance visual de su compañero. Éste se detuvo en seco al observar esa señal inconfundible de “quedarse quieto casi sin respirar”. Y suspiró aliviado al ver a CW-77 bajar su brazo, porque eso significaba que podían adentrarse en la sala: Objetivos Uno y Dos dormían como troncos.
 
     Recién allí, ya en la cocina y tomando un tilo, los dos espías se relajaron y chocaron sus palmas en señal de tarea cumplida.
 
     -¡Qué difícil es controlar a dos hijos varones en una fiesta, amor!
 
     -Tenés razón –respondió JJ-19 con melancolía, acaso recordando sus salidas de solteros- ¡Pero qué lindos que son los chicos!
 
 


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno, por un momento crei que ibas a tirar un CFK15 o algo asi.. jaja. Estos terroristas!! Abrazo

Martín

chapi dijo...

jaja! Es la primera vez que te adivino el final!

Anónimo dijo...

Temo eso de que los sueños y fantasías se hagan realidad! Temo el momento de la réplica real de tu detallado relato en un futuro no muy lejano!!!

Maricarmen

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