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Mostrando entradas de enero, 2014

Un rato allá

por Andrea Gondar

Cierro los ojos y veo el mundo diferente,
el aire tiene otro color, el suelo es una acuarela.
Camino entre pétalos que pintan mis pies,
un cielo eléctrico de color cristal hace desaparecer las sombras.
El astro rey ya no está,
un suave perfume a dulces flores llena todo,
no hay viento, y no cuesta respirar. 
Me he mirado las manos llenas de luz,
no me lo creo, me toco el rostro y estoy aquí.
¿Qué es este lugar? 
Puedo sentir mi respiración y el sonido de mis pies al andar,
que preciosa sensación, me quiero quedar. 
Solo sentir y aquietar. 
Un pájaro me mira a lo lejos, 
canta dulcemente y me invita a caminar.
Lo sigo simplemente.
A lo lejos, un resplandor plateado y brillante 
se mueve y corre hacia algún lugar. 
¿Es agua? 
El pájaro se detiene sobre la rama de un árbol blanco,
de luminosas hojas plateadas que baña sus raíces en ese ¿agua?
El pájaro me mira, y sin decir me invita a pasar.
Camino hacia la orilla, me asomo.
Qué bonito, puedo ver mi rostro,
una lágrima corre por mi mejilla y c…

Ser padre de la noche a la mañana

por Javier Debarnot

     La historia de cómo nuestro hijo llegó al mundo no puede ni debe, caprichosamente, resumirse en una partida de nacimiento, un informe rutinario de la sala de partos o en veinte imágenes digitales donde los padres salen de la peor forma en la que puede aparecer en una fotografía un ser humano, o más bien una aproximación de ser humano que ha superado la proeza de expandir la especie, ¿o sería más correcto afirmar que ha cometido la torpeza de traer una criatura más a este sitio abarrotado de personas indeseables? Sea como sea, él nació y yo me veo en la necesidad de relatar sus últimas horas dentro y sus primeras fuera, poniendo el foco en lo que le sucedió a la otra protagonista principal de la obra, su generosa madre, y a quien esto escribe que nunca olvidará ese par de días plagados de alegría, adrenalina, algo de dolor, mucho pero mucho cansancio, algún miedo y al final más alegría.
     Cenábamos en casa junto a mis suegros, ellos dos y nosotros tres, que ér…