martes, 25 de marzo de 2014

Por cobarde (carta de un asesino)

por Javier Debarnot



Juan Correa:


Te escribo esta carta porque voy a matarte. En el momento en que la estés leyendo, quiero que sepas que tendrás los minutos contados. Estoy harto de tu falta de decisión, de tus dudas, de esa cobardía exasperante que te acompaña adonde vayas y que siempre acaba tomando el control. No me queda más remedio que matarte para que ella, tu insoportable cobardía, también quede bien muerta y enterrada.

Juan, nunca podrías negarlo, no eres capaz de ningún acto de valentía. Digo de hacerlo, porque en los papeles no existe nadie más atrevido y seguro que tú. Vives de la milimétrica y bien explayada teoría, de la planificación constante para alcanzar un logro que supones será seguro y merecido, pero a la hora de llevarlo a la práctica te cagas, siempre te cagas y lo sabes. Y también sabes que yo lo sé, que te conozco y a pesar de que en ocasiones te admiro y creo en ti, al final acabas saboteando cualquier cosa por cobarde.

Te voy a matar porque por cobarde te dejas basurear por tu jefe y agachas la cabeza una y otra vez. Aburres a tus compañeros planeando qué le dirás y cómo lo harás, pero a la hora de la verdad no haces más que demostrar que eres de esos cagones importantes, de esos que quedan en la historia. Voy a aliviarte ese martirio, porque después de la cobardía los dos sabemos lo que pasa: llega el momento de los tormentos, de echarte culpas, incluso de responsabilizarme a mí. ¿A mí? Hazte cargo de una puta vez, cobarde, te lo escribo así, para que lo leas con todas las letras, antes de que por fin te mate dándole un punto final a tu triste vida.

Te asesinaré por levantarle la mano a Eugenia, por descargar tus frustraciones con ella, por endosarle los golpes que no te atreves a darle a tu jefe. Con ella sí, ¿no? Qué macho bárbaro que eres, marcándole el ojo a una indefensa chica de cincuenta kilos que cometió el pecado de sonreírle al vecino, ¿pero sabes lo que pasa? Seguro que ese vecino tiene lo que hay que tener, no se deja pisar la cabeza por nadie ni le pega a una dama, por eso mueres de envidia por él y lo pagas abusándote de tu mujer, pero tranquilo, pronto morirás pero morirás como Dios manda.

Voy a matarte, Juan, y ya tengo decidido cómo hacerlo. Pensé en ahorcarte con una soga al cuello, pero prefiero ahorrarte la angustia de una muerte lenta. ¿Tirarte desde lo alto? Tienes tanta mala suerte –y yo también- que serías capaz de romperte todos los huesos pero salir con tu corazón y cerebro intactos y con tu cobardía impoluta. Lo mejor será un buen tiro en la garganta, y en el momento de disparar verás a los ojos a la muerte, al asesino y a la víctima, para quitarnos para siempre la cobardía frente a un espejo.


                                                                                                                                           Firmado, J.C.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Este podría usarse para una campaña de violencia de género. Me hizo acordar al de "ni morirte sabés".

Martín

chapi dijo...

Esos finales inesperados son los que me gustan!

Anónimo dijo...

Aparte del acostumbrado inesperado final ;-) , me ha gustado cómo has plasmado esa disociación de personalidad...esa doble personalidad!!! Solo el Valiente puede surgir a imponerse al Cobarde si no se integra en la globalidad del sujeto y se disocia!!!
Aunque es una imposición llevada hasta el extremo...hasta su destrucción... la del cobarde... y también la suya propia. Eso es menos habitual!!! porque los cobardes del mundo suelen quedarse en el plano fantasioso de la puesta en práctica...
Que J.C. se autodestruya refleja entidad/presonalidad depresiva más que psicótica...

En fin... ya ves que me ha encantado!!!!!! (Vaya rollo inventado que he soltado!!!!)

MC

Anónimo dijo...

Juan podria estar matando aquellos rasgos o conductas de su personalidad que detesta. Todos tenemos cosas que deseariamos cambiar. Que simbolico esto. Un relato interesante con un final en parte inesperado, pero coherente con el resto del relato, cuan insoportable de llevar puede ser una vida con tanto rencor hacia uno mismo. Bueno, me gusto.

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