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Mostrando entradas de mayo, 2014

Okupas

por Javier Debarnot
Dejé mi hogar diciéndole adiós a mi historia reciente sin grandes aspavientos. Crucé toda la ciudad, hasta el otro lado del río, y mientras vagaba por allí, una noche de luna llena de octubre, vi una puerta cerrada a medias que mi optimismo tradujo en abierta por la mitad. Tenía ante mí una oportunidad grande como una casa. Primero con timidez y después con firmeza, empujé el portón y me metí. Sin hacer mucho ruido, acomodé mis pocas cosas en los recovecos de la morada tomada y caí rendido al sueño. Y de eso ya van casi ocho años.
No era el único en aquella casa. Éramos muchos okupas que proveníamos de los sitios más recónditos, pero no se trataba sólo de nosotros, los teóricos invasores. Los dueños de casa también deambulaban por los pasillos y se los veía amos y señores de sus habitaciones, de la cocina, del baño, de todas las salas comunes.
Los primeros días, semanas, y hasta meses, nos miraban por encima del hombro, marcando la diferencia, subrayándola en cuan…

No puedo escribir en la oficina

por Javier Debarnot
Ahora es el momento. Ya mismo me pongo, si total no es difícil. La historia la tengo y si logro hilar las frases con algo de gracia seguro que sale algo bueno. Abro un documento en blanco y maldición, suena el teléfono y desde los otros internos juegan al distraído.
-Contaduría, buenos días -atiendo con el piloto automático, tan automático que a veces digo buenos días a las seis de la tarde.
-¿Está el señor Suárez? –preguntan por mi jefe que para variar no está.
-Tranquilo que ya le dejo nota -contesto mientras mis dedos manipulan un boli invisible que hace malabares en el aire.
Al final, la interrupción fue minúscula pero cortó la pizca de inspiración que había enjaulado para la introducción. Y eso te mata, aunque por suerte en ocasiones la inspiración tiene memoria y vuelve, como ahora. Claro, esa es una buena forma de empezar el relato, tiene gancho, pero “¿tienes un minuto, Javi?”.
No lo puedo creer. Le pregunto qué quiere a mi compañero Jordi, con la sonrisa más fal…