martes, 17 de junio de 2014

Sube y baja en Diagonal

por Javier Debarnot



Me subí en Diagonal y todo parecía ir como siempre. Un viaje en Metro desde el centro hasta Collblanc, en un horario apacible y con una temperatura apacible: las cuatro y veinte de un jueves otoñal, horario y día en que los vagones suelen ir medianamente llenos, o medianamente vacíos según se lo mire.

Todavía repasando la última charla que había tenido con un amigo, me sorprendí cuando el Metro se detuvo en la primera estación después de mi ingreso al mismo: Diagonal. ¿Diagonal? Expulsé la palabra con gran sorpresa por mi boca. Por un segundo estaba convencido de que ya habíamos avanzado, pero no me quedó otra que suponer que nunca nos habíamos puesto en movimiento hasta ese momento, y que yo me había hundido en una distracción de esas que te detienen o aceleran en el tiempo.

Pero cuando llegamos a una nueva estación fue el “no va más”. Otra vez Diagonal. Me preocupé en serio y miré a mi alrededor en busca de cómplices. Temí no hallarlos pero por suerte me equivoqué: había varios pasajeros que tenían cara de no entender absolutamente nada.

Empezaba a hacer más y más calor, y la siguiente estación en la que se detuvo el Metro ya estaba un poco más oscura. Costaba más leer el nombre de la misma, pero daba igual. Era Diagonal. Según mis cálculos ya era la cuarta estación Diagonal seguida. La cuestión había dejado de ser una rareza o una especie de broma de mal gusto. Al lado mío había una mujer mayor al borde de un ataque de nervios. “¿Qué está pasando?”, repetía con un leve tartamudeo.

Siguiente estación: Diagonal. Nadie se animaba a bajar. Era obvio que ninguno tenía ese destino. Es más, yo me había subido justamente en Diagonal y ahora no dejaba de avanzar el Metro y volver allí. Se abrían y cerraban las puertas, seguía su recorrido y acababa deteniéndose de nuevo en Diagonal. Pero las estaciones, a pesar de repetirse el nombre no eran exactamente iguales. Iba aumentando el calor y la oscuridad. Cuando llegamos a la séptima Diagonal consecutiva, creo que todos temimos lo mismo: estar a punto de enloquecer.

Por primera vez me levanté de mi asiento. Y entonces, con el vehículo subterráneo en movimiento, tuve la inconfundible percepción de que íbamos hacia abajo, levemente pero hacia abajo en fin.

-¡Vamos en Diagonal! –grité eufórico por mi descubrimiento- ¡En Diagonal hacia abajo!

Alguno se sonrió con la sorna que se le dedica a un loco simpático, pero la mayoría exteriorizaba excitación y terror en partes iguales. El Metro se detuvo una vez más en una estación en la que poco se veía, apenas iluminada por un fluorescente que se encendía y se apagaba. En esos escasos segundos de visibilidad, todos leímos otra vez el mismo nombre de la misma estación de siempre. Y no atinamos a bajar.

Otra vez en movimiento y el calor ya era más que insoportable. Entonces, en medio de ese frenesí donde la desesperación ya ocupaba cada asiento, un hombre mayor se dirigió parsimoniosamente hacia una de las puertas, como preparándose para bajar en la siguiente parada.

Llevaba una tupida barba blanca y vestía elegante pero antiguo, como salido de un par de siglos atrás. Justo antes de que se detuviera el metro, no pude más con la curiosidad y le pregunté:

-¿Qué va a hacer, señor?

-La que viene es mi estación. Me llamo Julio.

Al abrirse la puerta, observé estupefacto el nombre que colgaba de una pared oscura iluminada a su alrededor por varias antorchas de fuego. Y nada de Diagonal.

Decía Centro de la Tierra.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy original, al final todos los caminos conducen al centro jajaja.

Martín.

chapi dijo...

El segundo nombre de Julio era Judas?

Anónimo dijo...

Imagino julio verne.me recuerda un poco a la pelicula la via lactea de buñuel,pero el hecho de ttanscurrir en el tranvia,es un gran acierto.rcd

Anónimo dijo...

Está buenísimo! Me dieron ganas de leer el libro de viaje al centro de la tierra otra vez, era tan chiquita que ya ni me acuerdo! Si mi memoria no me falla lo alquilé en la biblioteca del club ciudad... qué épocas!
Mari

Anónimo dijo...

Uy, otra vez me olvidé de comentarte, excelente el dibujo! Mucho talento Javi!

Anónimo dijo...

En diagonal siempre, siempre, mejor que en picado. Da tiempo a la mente ;-)
El sr Julio también podría haberse llamado Agosto... Jejejé... Estos días hace tanto calor como en el centro...

"Verne+Debarnot=GranEcuación"

MCarmen

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