martes, 28 de abril de 2015

Ha sido increíble

por Javier Debarnot

Lo malo de viajar en Metro cada mañana no es que vaya lleno por la hora punta, o no enganchar señal para el móvil entre determinadas estaciones. Lo malo es que nunca pase nada. Lo insoportable es la rutina, que como un gigante va avanzando muy de a poco pero aplastando todo a su paso.

Cuando me subí en Badal ese jueves de abril, lo único distinto al resto de los días era el hecho de ser Sant Jordi, motivo por el cual decenas de chicas iban con una rosa en la mano. Para mi gran fortuna iba sentado, y desde mi comodidad poco habitual me llamó la atención una de las mujeres que llevaba una flor como las demás, con la diferencia de que ella era bellísima.

Me eclipsaron sus ojos miel y quedé obnubilado, tanto que ni me percaté que un hombre estaba yendo hacia la dama abriéndose paso entre el resto de los viajantes, como braceando en un mar arremolinado.

-¿Quién te regaló esa rosa? –le preguntó de un modo tan agresivo que nadie en el vagón pudo evitar dirigir su atención a la pareja.

La emoción que le pedía a cada mañana la tenía allí, a tres metros y en platea preferencial.

-¿Fue tu compañerito de la oficina? –el señor celoso no dejaba responder a su supuesta novia, y arremetía con más preguntas que la ninguneaban- ¡Contéstame, no ves que estás quedando como una cualquiera delante de todo el mundo!

Ante esa humillación, la chica echó a correr hacia donde pudo, que era el siguiente vagón. Antes de que el rufián –siempre quise definir a alguien así- atinara a perseguirla, me puse de pie decidido a intervenir, pero el traje de héroe me quedó grande a los tres segundos, cuando dos supuestos pasajeros neutrales me agarraron uno de cada brazo.

-Quietito, chaval, y te vienes con nosotros.

A la muchacha ya la había perdido de vista, y de golpe me vi como el nuevo foco de atención, arrastrado por estos dos individuos tamaño armario que me trasladaban obligándome a patalear en el aire. El resto de los viajantes se nos abría paso mientras seguíamos al novio despechado que parecía ser el cabecilla del simpático trío.

En el vagón contiguo quedamos rápido casi a solas, porque la gente había empezado a huir hacia los lados como hormigas cuando un pie aplasta su hormiguero.

-¿Quién es tu contacto? –me preguntó el jefe.

Ante mi incredulidad, decidieron ponerme al día en tiempo récord. Sospechaban que yo era un espía secreto y la chica de la rosa había sido utilizada como cebo para desenmascararme. Cuando les dije que eran unos locos desquiciados, y por culpa de mi actitud poco colaborativa, la situación se puso un poco más densa aún.

Vi que en los ojos de mis captores se dibujaba una muestra de respeto y eso me obligó a girar la cabeza hacia donde ellos miraban. Me aterroricé al divisar a cuatro tipos acercándose a mí, vestidos de blanco de los pies a la cabeza que en realidad la tenían cubierta por una capucha acabada en punta del estilo Ku Klux Klan. Estaba viviendo una experiencia emocionante como las que reclamaba a diario, pero cuando uno de los locos me agarró del cuello y sacó una katana me pareció que los límites se sobrepasaban un poco.

No sé si cuando apareció un elfo montado sobre un león discerní si vendrían a ayudarme. Dudo si flipé mucho cuando, en la siguiente estación, vi minotauros riendo como hienas. Pero sí recuerdo percibir un humo y ver evaporarse a todos esos personajes, y entonces supe que iba de pie y que casi pegado a mí a un estudiante de química se le había roto un tubo de ensayo que transportaba un ácido medio alucinógeno. Un ácido increíble.




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ahora a la marihuana le dicen "acido alucinogeno" jajaja eso si que es nivel escritor!

Anónimo dijo...

Y que luego digan que trabajar es bueno!! “Encaminarse hacia el camino” del trabajo desorienta… eso no puede ser bueno!!! ;-) y todo por heroicidad… además! ;-)

MCarmen

Anónimo dijo...

Jaja, más que alucinógeno! Cada tanto, no viene nada mal para salir de la aburrida rutina no? Igual me quedo con los días iguales, sin cambios, sencillos y seguros jaja. Yo soy un bicho raro!
Mari

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